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Rama en floración de C. officinalis (Rubiaceae): 1 flor; 2 sección longitudinal de la flor; 3 corte de la corona; 4 estambres de diferentes lados; 5 polen; 6 cáliz con
estilo y el estigma; 7 papilas.
Fuente: Illustration of CINCHONA officinalis Hook. fil. 79 III (Cinchona officinalis L., quinine). printed 1887. Autor: Hermann Adolf Köhler (1834 - 1879)


INTRODUCCIÓN

El género Cinchona y sus 23 especies, son árboles de la familia Rubiacea, originarios de los bosques montanos de los andes y parte de centroamérica (Andersson, 1998). Su principal producto, la cascarilla (polvo de la corteza) o quina como también se la conoce, es considerado el aporte más importante a la medicina del siglo XVII por su efectividad como cura contra la malaria o paludismo, gracias a la presencia del alcaloide quinina (C20H24N2O2). Este alcaloide resulta tóxico para el Plasmodium falciparum, protozoo transmitido por mosquitos del género Anopheles. El plasmodium parasita los glóbulos rojos humanos y aún en la actualidad causa entre 700 mil y 2,7 millones de muertes al año (Garmendia, 2005).
Desde su descubrimiento terapéutico, este producto fue cada vez más demandado, especialmente por los países de Europa que tenían colonias en zonas tropicales del mundo; gracias a la quinina los europeos pudieron movilizar ejércitos, colonos y esclavos para explotar plantaciones y minas en estas regiones en donde el paludismo diezmaba severamente la población humana (Nieto, 2000).
Ya en el siglo XVIII se estableció una importante industria de explotación del recurso, que consistía en la extracción de la corteza de los árboles, la cual era secada y pulverizada, llegando a ser uno de los productos que más se comercializaba desde América a Europa. La gran demanda generó una serie de adulteraciones y mezclas, que obligaron a la corona española a regular y establecer el control absoluto de las exportaciones, encomendando a la Real Botica el manejo y control de calidad a partir de 1790 (Nieto, 2000).
La Real Botica estableció un sistema de trazabilidad desde la cosecha en América hasta su llegada a España, documentó la procedencia de cada lote y categorizó su calidad. Pronto se estableció que la quinina procedente de lo que actualmente es la Provincia de Loja, al sur de Ecuador, y que correspondía a una especie propia de la zona (Cinchona officinalis), tenía las mejores cualidades curativas; en particular la corteza proveniente de los cerros de Cajanuma (occidente del actual Parque Nacional Podocarpus) y Uritusinga, era especialmente valorada.
La identificación de su efectividad, marcó el inicio de lo que sería casi el total exterminio de las poblaciones de esta especie en su lugar de origen; en la segunda mitad del siglo XVIII, solo de la jurisdicción de Loja, se exportaban a España 35 toneladas de corteza de quina por año (Nieto, M. 2000).